El BID impulsa uso de big data para prevenir crimen en ciudades

Según la institución, el delito cuesta 3,5% del PIB de la región

Una de las apuestas de los interesados en el desarrollo de América Latina es la formulación de políticas preventivas del crimen a partir del uso del big data. Con esto buscan comprender y prevenir las dinámicas criminales de determinadas sociedades. Nathalie Alvarado, directora del área de seguridad y justicia del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), habló con AL sobre la hoja de ruta que está preparando el banco para iniciar un plan piloto en seis ciudades nacionales con base en tecnología que permita impulsar las políticas preventivas.

¿Por qué un banco de desarrollo incursiona en temas de seguridad y de justicia?
Hemos entendido que no hay desarrollo sostenible si no hay seguridad, y América Latina es el reflejo de esta conclusión. Tenemos un crecimiento económico importante, hemos reducido la pobreza y sin embargo seguimos siendo la región más violenta del mundo: Latinoamérica tiene 8% de la población mundial y en ella ocurren 32% de los delitos y homicidios del planeta. A la sociedad le cuesta alrededor de US$261.000 millones, algo así como 3,5% del PIB de la región, y por eso entramos a trabajar en la seguridad colombiana. Queremos trabajar con las instituciones y conseguir su reducción.

¿Qué papel juega la tecnología en ese proyecto?
La información es clave para prevenir y controlar el crimen. En América Latina la información criminal es muy limitada, de muy baja calidad. Me refiero a información como qué tipo de delito ocurre, dónde ocurre, quién lo comete, datos muy útiles para legislar. Por eso para nosotros la generación y especificación en los países es muy importante.

¿Cómo se aplica esa información?
Por ejemplo en el análisis de los ‘hot spots’ (puntos en los que hay más criminalidad): el delito se concentra en 5% de los segmentos de calle, algo que con la aplicación del análisis de la información puede desembocar en políticas policiales y de prevención. El big data, información generada por nuestras llamadas telefónicas, por las tarjetas de transporte, de crédito, por actividades en internet, etc., deja ciertas huellas de lo que somos como individuos y cómo nos comportamos.
¿Cómo se ha traído esa aplicación a Colombia?
Vamos a comenzar en seis ciudades: Bogotá, Medellín, Montería, Valledupar, Barranquilla y Tumaco, y lo estamos haciendo de la mano de las universidades MIT y Harvard, que ya llevan avanzado este estudio en Londres y Nueva York. Gracias a estos avances sabemos que podemos determinar en dónde se concentra el delito y qué factores inciden en los actos delictivos. Esta información es muy útil para detectar índices que nos permitan desarrollar políticas de prevención y menos de control. Creemos que la combinación entre lo académico y lo práctico puede dar resultados en Colombia.

Pero, ¿cómo se formula una política que tenga que ver con el big data y no se mezcle con la privacidad de los ciudadanos?
La información de la que hablamos no identifica al individuo. Lo que se busca es tendencias o lugares, por ejemplo, pero ayuda muchísimo a combatir el crimen. Aquí lo que es importante es la participación del sector privado para aportar la información.



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